NOBLE Y BIZARRO

Chelo Matesanz / Concha Ybarra

12 Diciembre / 29 Enero

Comisaría: Guillermo Amaya Brenes

Fotos: Mariló Marín

Instalación. Cerámica, cristal y madera. Medidas variables. Concha Ybarra. 2019.

NOBLE Y BIZARRO. 

Chelo Matesanz / Concha Ybarra

 

Las hermanas Justa y Rufina nacen en la Triana hispalense de 268 y 270 (respectivamente) en el seno de una familia alfarera de cristiana clandestinidad. Era costumbre entonces celebrar una procesión anual en honor a Venus donde se conmemora la muerte de Adonis. Durante la procesión, los participantes de esta piden limosna en honor a la diosa. Dado el momento, el cortejo llega a la puerta de la casa de Justa y Rufina, donde ellas venden pequeños utensilios de barro (así es como se ganan la vida). Los devotos de Venus piden los honorarios pertinentes a las hermanas, a lo que ellas se niegan por ser un acto contrario a su fe. Ante la negativa, una camarilla pagana decide destrozar los utensilios de barro que vendían las hermanas. Justa y Rufina deciden hacer añicos la imagen de Venus, destrozarla ante la mirada estupefacta de aquella pagana multitud. El prefecto romano hispalense Diogeniano encarcela a las hermanas y las hace pasar por la tortura del potro, de los garfios de hierro, del hambre o de la sed, sin que surta efecto alguno. Las hace caminar descalzas hasta Sierra Morena por los caminos más pedregosos para posteriormente encerrarlas en prisión hasta la muerte de la hermana mayor, Justa, que será tirada a un pozo. Rufina sobrevive y es echada a un león en el anfiteatro, lo que sólo supuso unos cuantos lametones de la fiera a la joven alfarera. Diogeniano, colmado de frustración, decide decapitar y quemar el cuerpo de la hermana menor. Ambos cuerpos son rescatados y enterrados por el obispo Sabino en el 287. 

Es importante que conozca las premisas con las que se origina esta exposición. Por una parte las artistas serían Concha Ybarra (Sevilla, 1957) y Chelo Matesanz (Reinosa, Cantabria, 1964). Por otra se buscaba un peso relevante de sus trabajos en cerámica. Si se tiene en cuenta que la exposición se llevaría a cabo en Sevilla, una solución a este sumatorio era inequívocamente la historia de Santa Justa y Santa Rufina, patronas de la capital hispalense, patronas de la alfarería y protectoras de la Giralda y la Catedral. Siendo sincero, en un primer momento me resultó tan evidente que intenté rehuir esta idea, algo de lo que no fui capaz y que finalmente me llevó a encontrar una poética latente, velada tras toda esta historia, que encajaba a la perfección con los trabajos de Concha y Chelo. 

Hubo un elemento en toda la historia de Santa Justa y Santa Rufina que me resultó especialmente interesante tratar en esta exposición: el acto de iconoclastia de las hermanas cristianas sobre la imagen de Venus. Entre todas las representaciones que se han llevado a cabo de Santa Justa y Santa Rufina (llevadas a cabo por Maestro de Moguer, Hernando de Esturmio, Miguel de Esquivel, Murillo, Velázquez, Juan Espinal o Goya entre otros), el óleo de Francisco de Goya llevado a cabo en 1817 por encargo del cabildo de la Catedral de Sevilla, es la única en la que Venus se representa hecha pedazos a los pies de las hermanas alfareras. Esos trozos parecen ser de barro, lo que cobra un mayor valor metafórico, estableciéndose una alegoría poética entre su profesión y la imagen arruinada. Asimismo, es interesante que aquel acto de iconoclastia derivara en el proceso de iconización de las santas cristianas. Hay una última cuestión a destacar en este hecho, en este caso relacionada con la propia procesión de Venus. Como se explica en el primer párrafo de este texto, el motivo de esta festividad era la rememoración del fallecimiento de Adonis. Según la mitología, éste fue fruto de un incesto provocado por la propia Venus, que a su vez se enamora ante la belleza del recién nacido. Finalmente Adonis muere a causa de un ataque de Ares (amante de Venus) convertido en 

jabalí y enfurecido por los celos. Finalmente Venus acaba rota de dolor. Un desenlace muy similar al que someten las hermanas trianeras a la propia representación de la diosa pagana. 

Esto nos lleva directamente al título de esta exposición: „Noble y bizarro‟. Oficialmente (según la RAE) el término bizarro está ligado a la valentía o a lo arriesgado y no a lo dantesco o lo estrambótico, con lo que se genera un juego dicotómico en el propio título. Éste ha sido extraído de un poema de Antonio Machado que recoge bastante bien la esencia del trasfondo de esta exposición: 

“Que por mucho que se diga nadie aventajó en el arte cerámico y de alfarería, cual las Patronas del «barro» las Santas Justa y Rufina. Su oficio es noble y bizarro y entre todos el primero, pues para gloria del «barro», Dios fue el primer alfarero y el hombre el primer cacharro.” 

Si bien es cierto que las trayectorias de Concha Ybarra y Chelo Matesanz son bastante diferentes y sus trabajos en ocasiones totalmente dispares, es curioso ver cómo en ciertos trabajos (sobre todo cuando trabajan la cerámica) se asemejan en un plano estético. Ambas comparten un carácter orgánico y descarnado, que dotan a sus trabajos de una plasticidad natural y directa. En el hilo narrativo de la exposición, a pesar de estar envuelto en un halo de mitología e incluso misticismo, aparece la tortura, la muerte, el amor o el incesto, para lo cual era esencial una estética vehemente, trémula. Ambas artistas nos muestran un despliegue de maestría y complicidad estética, manifestando una plasticidad descarda tan noble como bizarra. 

 

 

Texto: Guillermo Amaya Brenes. 

Pintura e instalación Concha Ybarra. Escultura Chelo Matesanz.
Mamá. Cerámica, oro, tejido y pelo sintético. 60 x 10 x 9 cm. 2019. Chelo Matesanz.
Una mujer que estaba hueca. Tela, madera, cerámica y abalorios. Chelo Matesanz.
Obras. Chelo Matesanz. 2019
Detalle obra Credulia. Chelo Matesanz.
Cerámica. Concha Ybarra.
Cerámicas. Concha Ybarra.
Obras. Concha Ybarra.
Cerámica. Concha Ybarra.
Cerámica. Concha Ybarra.
Cerámicas. Concha Ybarra.