LA ATRACCIÓN DEL SILENCIO

Irene Sánchez Moreno

12 Junio / 31 Julio

Texto: Guillermo Amaya Brenes

Fotos: Mariló Marín

Vuelta al Origen. Óleo sobre lienzo.250 x 200 cm. 2019

No se lleve a equívoco, "La atracción del silencio" no es una exposición de paisajes al uso, más bien diría que es una exposición de retratos. Como en la mayoría de los (buenos) retratos, más que una representación de lo evidente o de lo superficial, se deja patente, aunque de forma sutil, una tensión etérea, velada en los pequeños actos gestuales que se dan en cada uno de ellos. Irene Sánchez Moreno(Granada, 1983), en su segunda exposición individual en la galería Espacio Olvera, reflexiona en torno a la relación del ser humano con la Tierra a través de esa tensión, a través de "la atracción del silencio".

Vista sala galería.

Sería extremadamente complejo desengranar el proceso mediante el que la humanidad, como especie, se autoproclama como única propietaria del planeta. Lo que sí es evidente es que el antropocentrismo que surge como respuesta al teocentrismo y que supone (entre otros factores) el paso de la Edad Media a la Edad Moderna, tiene algo que ver. Una concepción (mayoritariamente occidental) que a día de hoy se camufla entre las corrientes humanistas y que algunos pensadores como John N. Gray (autor de „Perros de paja‟) clasifican como una “doctrina de salvación”. Es curioso (por ejemplo) que si bien es la humanidad la que desarrolla y asume las teorías darwinistas (es decir, que la evolución de las especies se produce por una selección natural de adaptación azarosa cuyo control no está en manos de las propias especies), es la propia humanidad la que se exime de estas. Puede que la creencia de tener bajo control su propio destino haya hecho del humanismo una especie de religión, una forma de protegerse ante lo incierto y lo inseguro del devenir del tiempo, aunque generando una consciencia un tanto altiva y arrogante.

Vista sala Galería
Cabaña en la piedra.81x100 cm. 2019.
Prólogo.130 x 162 cm. Óleo sobre lienzo. 2016.

Aunque nos pueda parecer que la presencia del ser humano recorre cada rincón de la Tierra, según la base de datos GHSL (Global Human Settlement Layer), las más de siete millones y medio de personas que habitamos nuestro planeta no llegamos a ocupar el 8% de la superficie terrestre (teniendo en cuenta todas las zonas edificadas). Esto es importante, pues „La atracción del silencio‟ de la que nos habla Irene Sánchez se encarna en la tensión producida por la presencia del ser humano en paisajes inhóspitos, de difícil acceso y de inviable habitabilidad (para el ser humano, claro). Una tensión que surge tras un encuentro inusitado, donde el ser humano se adentra en una dicotomía casi existencial: el haber logrado otorgar con su propia presencia a un paisaje inaccesible y el observar que esta es totalmente prescindible para la habitual articulación de dicho paisaje. Un juego de dominación y subordinación a un solo tiempo.

No obstante, si bien en estas obras queda patente la reminiscencia del daño provocado por la humanidad a su propio entorno, también se manifiesta una necesidad de reconciliación. La búsqueda de la comunión primitiva entre humanidad y naturaleza, engendrada en la profundidad de la belleza del paisaje que acoge y atrae de forma instintiva al ser humano. Una comunión donde el ser humano rehúye el ruido moral y artificial que emerge de las sociedades contemporáneas para encontrarse a sí mismo, ante su propio silencio, dentro de un entorno que no requiere ninguna de sus acciones para persistir en el tiempo. Una coexistencia donde el ser humano se entrega a la naturaleza, no de forma racional, sino animal, atraído por el inexorable silencio de su propia existencia.

Ladera Norte. 130x 162 cm. Óleo sobre lienzo.2016.