Nueva sección de la galería, en la que artistas no representados colaboran y dialogan con artistas de la galería.

Concretamente la sección tendrá una regularidad anual y será colectiva o dual. 

Este año hemos pensado que sea colectiva. Los artistas de la galería serán Juan Manuel Rodríguez y Arturo Comasa, los artistas invitados serán Fuentesal & Arenillas y Tamara Arrollo. 

DEL TRÁNSITO Y LO TRANSITORIO

Derivas, Hallazgos y Estructuras

 

Tamara Arroyo

Arturo Comas

Fuentesal & Arenillas

Juan Manuel Rodríguez

Texto: Juan Francisco Rueda

 

17 DIC / 30 ENE

Exposición con accesibilidad cognitiva gracias al patrocinio:

Exposición con accesibilidad cognitiva gracias al patrocinio:

Vista de la sala.
Obras J.M. Rodríguez y Fuentesal & Arenillas.
Obra Fuentesal & Arenillas. S.T. I (Cubierta brillante - Margen delgado) Madera densidad media, hierro, lona, grapas, pintura, cera, grafito 40x54x130cm / desmontable 2020
Obra Tamara Arrayo. Caja de IKEA 2019 Cerámica esmaltada 3 x 30 x 19 cm
Vista de la Sala.
Vista de la sala.
Balcón (Azul) 2019 Esmalte sobre metal y cerámica esmaltada 56 x 68,5 x 54 cm
Detalle obra Balcón de Tamara Arroyo.

 

Del tránsito y lo transitorio.

Derivas, hallazgos y estructuras.

por Juan Francisco Rueda

 

No hacemos otra cosa que transitar. Nuestro estado es esencialmente, por encima de otros, transitorio. El tránsito y lo transitorio implica movimiento, dinamismo, temporalidad, cambio de estado, evolución, contingencia, sucesión, variación o acontecer. Se han reunido en esta exposición las obras de artistas que, entre otras preocupaciones y motivaciones, podrían ser adscritas a cierta idea del tránsito y de lo transitorio. En ocasiones, sus producciones son una interpelación y un efecto de estos conceptos, cuando no una reflexión directísima de ellos o una representación visual, alegórica incluso; en otras, responden y propician el literal tránsito de los espectadores que interactúan con las mismas. De inicio, Guests,  esta exposición, pone en juego la imagen de movimiento, de un llegar o desembocar de unos artistas invitados (Tamara Arroyo y Fuentesal & Arenillas) a un lugar de recepción o acogida en el que los que ya estaban (Arturo Comas y Juan Manuel Rodríguez, artistas de Espacio Olvera) actúan como metafóricos anfitriones. Es, además, una situación eventual o efímera; o dicho de otra manera, transitoria.

 

El espacio se divide en dos ámbitos donde se desarrollan diálogos o relaciones bilaterales (Comas-Arroyo y Rodríguez-Fuentesal & Arenillas), pero las obras cuentan con una condición centrífuga que hace que esa atmósfera de complementariedad invada la galería. O dicho de otro modo, todos los creadores —como advertíamos al principio— convergen, a pesar de sus universos y poéticas propias, en unas mismas preocupaciones, ya sean manifiestas o latentes.

 

Esa trama de guiños y complicidades, que excede el propio diálogo a dos que se realiza en cada uno de los espacios en los que se divide la galería, puede  inaugurarse con el profundo sentido escultórico que poseen las piezas, a pesar que no todas ellas son esculturas u objetos tridimensionales. Así, junto a las piezas de Arroyo o a la de Fuentesal & Arenillas, las distintas pinturas de Rodríguez y las fotografías de Comas transmiten, de distinto modo, una suerte de pulsión volumétrica. Las pinturas (óleo sobre lienzo) de Rodríguez se convierten en objetuales gracias a la disposición o montaje, a modo de una estructura en forma de biombo o en zigzag, que demanda nuestro movimiento en torno a ella y que potencia no sólo las relaciones con la obra de Fuentesal & Arenillas, también, y muy especialmente, las relaciones internas entre imagen representada y soporte físico, entre artificio y realidad, haciéndonos desembocar en la fisicidad de la imagen, de la pintura. Esto es, poder aprehender como visitantes (in situ) la pintura como un ejercicio de ilusionismo, de magia, como un momentáneo truco. Tanto es así que el propio artista se retrata como un prestidigitador, facultado para hacernos caer en el engaño. Rodríguez refuerza el carácter de la pintura como objeto, como estructura, destripándola y enseñando el engaño, ya que podemos ver los bastidores de los lienzos, siendo precisamente un bastidor motivo central de una de sus piezas. Su imaginario se ha apoyado sobre el relato de la propia pintura y del rol del pintor. Al aludir a la bidimensionalidad y estructura del cuadro hace por negar, porque salgamos del mundo de la representación y hagamos por relacionarnos con la pintura/cuadro, plana o bidimensional, como una realidad distinta.

 

Por su parte, las fotografías de Comas recogen estructuras efímeras realizadas con elementos desclasados que participan de la categoría del objet trouvé. Por tanto, éstas son imágenes de estructuras escultóricas que el propio artista elabora efímeramente para ser fotografiadas. Ante ellas nos percatamos que esas construcciones, que se hallan en los rededores de lo escultórico, están llamadas a desparecer. Es más, perviven como esculturas merced a su registro fotográfico. Aflora justamente un conflicto o una tensión entre lo fijado o lo eterno y lo contingente y fugaz. Buena parte del trabajo de Comas ha insistido en lo efímero y lo inestable de la existencia. La noción de transitoriedad se ajusta a su poética, o incluso podría venir a definirla. Tanto es así que en alguna ocasión he avistado en sus eventuales construcciones una suerte de enunciación actual, y a través del absurdo, del memento mori. Estas imágenes, de la serie Sobre todas las cosas, pudieran ser consideradas como símbolos o alegorías de lo transitorio. Esas estructuras heteróclitas y realizadas ex novo, que nacen del encuentro que genera Comas entre distintas realidades y que se mantienen en un inestable y limitadísimo equilibrio, son una materialización visual del suspense: una acción queda congelada, el inevitable acontecer queda suspendido. 

 

También Arroyo redimensiona la realidad en sus piezas, especialmente en Caja de IKEA. Lo expulsado del mundo de lo útil, aquello que ya cumplió su función, lo que adquiere cualidad de entrópico y está llamado a ser puro y literal desecho con el que encontrarnos en derivas o tránsitos por las calles, pasa a asumir, mediante la reconsideración y recreación artística de Arroyo, un nuevo estado. Es, como en el caso de Comas, un intento de suspender ese ineludible tránsito hacia la desaparición. Casi que de un modo animista, al replicar en barro o al fotografiar, tanto Comas como Arroyo retendrían y asumirían el espíritu de esos objetos finitos y frágiles, próximos a ser destruidos. Y ese ejercicio, de entrada, permite que al ser poetizados, nosotros, espectadores de ese nuevo status, podamos fabular sobre ellos o los empleemos como medios o detonantes para otras reflexiones. Eran objetos en-tránsito a su desaparición y los creadores les deparan otro nuevo tránsito merced a su estetización.

 

Arroyo y Comas comparten ese carácter errante y observan lo que la ciudad les ofrece. La recorren en paseos que a veces podrían ser considerados auténticas derivas situacionistas. De hecho, en ocasiones asumen en sus obras lo que ven —una posible inspiración—, mientras que otras encuentran proyectado en la realidad su poética, como si se tratase de una suerte de revelación. En un ejemplo de la unión arte-vida, ambos se proyectan en sus perfiles de redes sociales a través de los hallazgos fortuitos que experimentan en la vía pública. Justamente, Arroyo retiene esos elementos del entorno de lo público y los traslada, reconfigurados, a los espacios simbólicos y privados del arte, en los que se transforman los significados y sentidos, advirtiendo quizá, en una suerte de ejercicio de puro realismo, de la dimensión artística contenida en lo rutinario o de la belleza oculta en lo mundano. Su Balcón (Azul), prueba de su interés por la geometría y los trabajos de forja y metalistería que combina con el uso de la cerámica, resulta ejemplar de ello.

 

El tránsito y lo transitorio también son conceptos que podemos hallar en el trabajo de Fuentesal & Arenillas. En S. T. I (Cubierta brillante-Margen delgado) imponen un decidido dinamismo y grafismo al objeto escultórico, que podría asumir la categoría de assemblage. El carácter gráfico y dinámico que domina una especie de patrones o circuitos traslada acciones y actuaciones que desarrollan esta pareja, permitiéndonos a los que nos enfrentamos a la pieza adquirir una condición cinética y fenomenológica que bien podría traducir esa política de actos que fijan los creadores. El espectador viene a replicar el movimiento contenido en esos patrones, bien al caminar y rodear la pieza, bien al seguir con la mirada cada uno de esos perfiles que se superponen y repiten. Y lo que queda fijado, ante todo, es tiempo y movimiento, justo lo que empleamos nosotros mismos ante ella. Si con anterioridad hablábamos, en los casos de Arroyo y Comas, de la unión arte-vida, de cómo las obras aceptan o incorporan registros de la realidad y las vivencias de los artistas —algo que también podríamos señalar de Rodríguez en tanto que se autorretrata y habla sobre su profesión—, tal aspecto nutre, cuando no se convierte en metafórico motor, no sólo la obra de Fuentesal & Arenillas, también su poética. Las rutinas, los paseos, los itinerarios o ejercicios de psicogeografía pueden estar en la médula de esos grafismos y patrones que se acumulan, repiten y se superponen mientras adquieren volumen. Tal vez, asumiendo que los signos que emplea esta pareja se arrojan al abismo de la interpretación por parte de los receptores, esta acumulación de patrones podría equivaler a una suerte de cuaderno de bitácora, a una suma de singladuras que les compete y les compromete.

 

El sujeto que se enfrenta con la obra —como antes comentábamos— se ve impelido a adquirir una actitud cinética y fenomenológica. La obra pasa a ser cambiante con el movimiento del receptor, mutando o metamorfoseándose. El cambio y la evolución es una de las máximas de esta pareja. Esto es, asumir la transitoriedad de los estados. Y justo ante la pieza de Fuentesal & Arenillas, nos encontramos las de Rodríguez. Del “sin título” que domina el título de su pieza pasamos a algunos de los títulos de Rodríguez: El peregrino o El deseo de crecer. He ahí otras nuevas manifestaciones —y aceptaciones— del tránsito y de lo transitorio.

 

JFR

Agosto de 2020

Obra J.M. Rodríguez. El Prestidigitador. Óleo sobre lino. 176,5 x 246 cm.